¿Qué son los 5 Kleshas? La Causa del Sufrimiento

Los Kleshas o aflicciones impiden el desarrollo interior y son la causa del sufrimiento.

Dentro de la filosofía del yoga existe un concepto fundamental que es ignorado por la mayor parte de las personas, los kleshas. Tal como los describe Patanjali en los Yoga Sutras, los kleshas son las cinco principales aflicciones o impedimentos que oscurecen la verdadera naturaleza de nuestra mente y que son fuentes del sufrimiento y la desdicha. Estas aflicciones son causa principal de la falta de armonía y equilibrio en nuestra vida y nuestra mente.

Aprender a reconocer los kleshas y superarlos es fundamental para poder progresar en el camino del yoga y alcanzar estados de mayor plenitud y bienestar.

Vamos a describir en profundidad cada una de estas aflicciones, así cómo las prácticas o antídotos para poder superarlas.

Los Cinco Kleshas de Patanjali

Aunque podemos ser conscientes de ciertos deseos, aversiones o miedos en nuestra vida diaria, la raíz profunda de estos kleshas a menudo está arraigada en el subconsciente, lo que significa que pueden influir en nuestro comportamiento y percepciones sin que nos demos cuenta. De ahí que sea necesario tener un conocimiento profundo de de los distintos kleshas para descubrir de qué manera influyen en nuestra vida y cómo podemos actuar para eliminarlos.

Avydia (Ignorancia)

Traducido como «ignorancia«, Avidya es la falta de conocimiento en el sentido convencional, sino a una falta de percepción o comprensión de nuestra verdadera naturaleza y la realidad que nos rodea. «, que significa «no» o «sin«, y «Vidya«, que significa «conocimiento» o «verdad«. Así, Avidya es un estado de no-verdad o no-conocimiento.

Patanjali identifica Avydia como el principal klesha que oscurece nuestra verdadera esencia y da lugar a todas las otras aflicciones. Es el velo que nubla nuestra visión y nos impide ver la realidad tal como es, dando origen al sufrimiento. La ignorancia como la fuente de todo sufrimiento también podemos encontrarla en la primera de las Cuatros Nobles Verdades enunciadas por Buda.

Se trata de una interpretación equivocada de la realidad que puede manifestarse de varias maneras:

  • Confundir lo eterno con lo temporal: En lugar de reconocer la naturaleza eterna de nuestra conciencia o alma (Atman), nos identificamos con el cuerpo y la mente, que son temporales y cambiantes.
  • Confundir el placer con la felicidad: Buscamos la satisfacción en los placeres materiales, pensando que son una fuente de felicidad duradera, sin darnos cuenta de que la verdadera felicidad radica en la paz interna.
  • Confundir lo impuro con lo puro: Nos apegamos a deseos y emociones fluctuantes, pensando que definen nuestra esencia, en lugar de buscar la pureza y la claridad de la conciencia.

Al no comprender nuestra verdadera esencia, nos apegamos a las cosas que son efímeras y cambiantes. Esta identificación y apego nos lleva a experimentar emociones negativas como el miedo, la ira, el celos y el deseo, que a su vez generan sufrimiento. El olvido o ignorancia de la naturaleza de la realidad nos lleva a vivir en un estado de alienación y desconexión, tanto de nuestra propia esencia como del mundo que nos rodea.

¿Cómo podemos superar la ignorancia?

La solución a Avidya, según la filosofía yóguica y otras corrientes espirituales de oriente, es el autoconocimiento y autorrealización. Al cultivar una profunda comprensión y conciencia de nosotros mismos a través de prácticas como la meditación podemos comenzar a disipar las capas de ignorancia que nublan nuestra visión.

Al enfrentarnos a esta y trabajar para superarla, nos embarcamos en un viaje de descubrimiento y transformación. Conforme aclaramos nuestra percepción y profundizamos en la comprensión de nosotros mismos y del mundo, la verdadera paz, felicidad y libertad se vuelven accesibles.

Asmita (Falso Sentido del Yo)

Asmita es uno de los cinco kleshas. Es la identificación excesiva con el ego.

Asmita puede entenderse como «ego» o «yo individual«. La palabra se deriva de «Asmi«, que significa «yo soy» y hace referencia a la identificación del ser con su forma física y mental, lo que conduce a una sensación de separación entre el individuo y el resto del universo. En lugar de percibirnos a nosotros mismos como parte de algo más grande, llámese conciencia universal (Brahman), Dios o la vida misma, uno se ve limitado por las fronteras de su cuerpo, mente y emociones.

Esta identificación con el «yo» y el «mío» no solo es la base de la individualidad, sino también la fuente de muchas aflicciones humanas, como la envidia, el orgullo, la ira y la competitividad.

Esta identificación con el ego surge de Avidya. Al no reconocer nuestra esencia, nos identificamos erróneamente con lo que es transitorio y mutable como nuestro cuerpo, nuestras posesiones, nuestras habilidades y logros, nuestras emociones y nuestros pensamientos.

Esta identificación errónea se manifiesta en varios patrones de pensamiento y comportamiento. Por ejemplo, cuando alguien nos ofende, sentimos que nuestra identidad está siendo atacada. Cuando nos comparamos con otros y nos sentimos inferiores o superiores, es Asmita operando en el trasfondo.

La sensación de separación que genera Asmita puede manifestarse como soledad, competitividad, celos y un deseo constante de validación externa. Además, la identificación con el cuerpo y la mente lleva a un miedo intrínseco al envejecimiento, la enfermedad y la muerte.

¿Cómo superar la identificación con el ego?

La clave para superar Asmita y las trampas del ego es, al igual que en caso de Avydia, el autoconocimiento. Vamos a describir una serie de prácticas que podemos encontrar dentro de las distintas ramas del yoga y que pueden ayudarnos a trascender la identificación con nuestro ego:

  • Meditación: Meditar nos permite observar nuestros pensamientos y emociones sin apegarnos a ellos. Al desarrollar esta observación desapegada, podemos empezar a ver cómo el ego se manifiesta y cómo distorsiona nuestra percepción. Con el tiempo y la práctica constante, la meditación nos ayuda a disolver las capas del ego y a experimentar nuestra verdadera naturaleza, que es serena y unificada.
  • Svadhyaya (Estudio de uno mismo): Es uno de los cinco Niyamas o disciplinas personales de los Yoga Sutras. Conlleva tanto la lectura de textos sagrados como la auto-reflexión. Cuando reflexionamos sobre nuestras acciones, palabras y pensamientos, podemos identificar y comprender las manifestaciones del ego. Los textos sagrados, por otro lado, nos ofrecen sabiduría y perspectivas que desafían y expanden nuestra comprensión limitada del yo.
  • Satsang (Comunidad): Estar en compañía de buscadores espirituales o maestros iluminados puede ser de gran ayuda. Estos entornos promueven conversaciones y reflexiones que desafían el ego y nos alientan a explorar más allá de nuestras identidades limitadas.
  • Karma Yoga (Servicio desinteresado): Practicar el servicio sin esperar reconocimiento o recompensa es una manera efectiva de contrarrestar el ego. Al centrarnos en el bienestar de los demás, disminuimos la importancia de nuestro propio yo y cultivamos humildad.
  • Desapego: Desapegarse no implica renunciar al mundo, sino interactuar con él sin dejarse atrapar por deseos, aversiones y, sobre todo, por el sentido del «yo» y el «mío«. Es un ejercicio para recordar de manera constante que nuestra verdadera esencia va más allá de cualquier etiqueta o posesión.

La importancia del Ego

Es muy importante destacar que a pesar de que a menudo se habla de «superar» o «trascender» el ego, lo que podría dar la impresión de que el ego es intrínsecamente malo o algo que debemos eliminar por completo. es necesario que nos demos cuenta de que el verdadero desafío no es eliminar el ego, sino aprender a no identificarnos completamente con él.

Desde una perspectiva evolutiva y psicológica, el ego tiene un propósito claro. Actúa como una especie de centro organizador de nuestra experiencia personal, ayudándonos a navegar por el mundo. Nos permite definir límites, protegernos y entender nuestra posición en relación con otros. Desde esta perspectiva, el ego es esencial para nuestra supervivencia y funcionamiento diario. El dilema surge cuando nos identificamos tan estrechamente con nuestro ego que no podemos ver más allá de él. Lo que nos lleva a una visión del mundo y de nosotros mismos que está dominada por nuestras propias necesidades, deseos y temores. Es este apego e identificación excesiva lo que los sistemas espirituales a menudo nos instan a superar.

Reconocer el valor del ego mientras buscamos la expansión de la conciencia es muy importante. En lugar de intentar «matar» el ego, podemos trabajar para tener una relación más saludable con él. Esto conlleva verlo como una parte de nosotros, pero no la totalidad de nuestra identidad. A medida que desarrollamos esta visión equilibrada, podemos responder al mundo desde un lugar de mayor claridad y compasión, en lugar de reaccionar automáticamente desde nuestros patrones egoicos.

En vez de rechazar el ego (lo cuál es contraproducente), tenemos que aprender a apreciar su importancia. Nos ayuda a funcionar en el mundo, a lograr nuestras metas y a establecer relaciones. Además, puede actuar como un maestro, mostrándonos áreas en las que necesitamos evolucionar o sanar.

Raga (Apego)

Raga es el deseo o apego hacia experiencias placenteras y la aversión hacia las desagradables que se encuentra profundamente arraigado en nuestra biología y psicología, impulsándonos a buscar lo que nos hace sentir bien y a evitar lo que nos hace sentir mal. Esta búsqueda del placer y el rechazo del dolor son respuestas naturales, que sirven para protegernos y ayudarnos a prosperar. Pero, lo que puede verse lógico es en realidad un obstáculo, porque el apego excesivo al placer puede conducirnos a patrones de comportamiento insalubres y a una visión distorsionada de la realidad.

Más allá de las grandes ideas filosóficas, Raga afecta a nuestra vida diaria de formas tangibles pero que a menudo pasan completamente desapercibidas. Puede manifestarse como una obsesión con el éxito, una dependencia de la validación externa, una adicción a sustancias o comportamientos, o incluso una constante búsqueda de estímulos placenteros a través de la comida, el entretenimiento o las relaciones. Estos deseos, cuando se vuelven desmedidos, pueden llevar al sufrimiento, ya que inevitablemente enfrentamos pérdidas, rechazos y cambios en la vida.

¿Cómo practicar el desapego?

Para superar el apego es necesario cultivar su opuesto, el desapego. Parece lógico ¿Verdad? Pero lo cierto es que hay cierto matices muy importantes que suelen pasar completamente desapercibidos. Muchas personas cometen el error de practicar el desapego mediante el distanciamiento; alejándose de las personas, objetos o circunstancias a los que se sienten apegados. Pero este tipo de prácticas que parecen de sentido común no suelen dar buenos resultados.

Hay que entender que el apego es una atadura mental y para deshacernos de él es necesario profundizar en nuestros apegos y comprenderlos. Como resultado de esta compresión surge el desapego. Pero esta práctica aunque simple, no es nada sencilla, requiere valor, ya que a menudo implica hacer frente a aspectos de nosotros mismos que preferiríamos ignorar. ¿Recuerdas esa tendencia tan humana que hemos mencionado antes? Buscar el placer y huir de lo que nos resulta doloroso. Pues es exactamente huir del dolor de nuestros propios pensamientos lo que obstaculiza nuestro crecimiento personal ya que nos impide sanar interiormente.

¿Es malo el deseo?

Los deseos no son intrínsecamente buenos ni malos. De hecho, son una fuerza vital en el ser humano que impulsa el crecimiento, la innovación y la expansión. Desde el deseo nace la pasión, la creatividad, y el ímpetu para perseguir nuestros sueños y objetivos. Sin deseo, los humanos no nos habríamos esforzado por alcanzar grandes logros ni habríamos buscado mejorar nuestras condiciones de vida.

El problema surge cuando nos apegamos excesivamente a estos deseos o nos identificamos completamente con ellos. El apego al deseo puede convertirlo en una obsesión, haciéndonos creer que nuestra felicidad y bienestar dependen exclusivamente de su realización. Cuando nos identificamos totalmente con nuestros deseos, nos definimos por ellos y, en consecuencia, nuestra autoestima y valor propio pueden fluctuar en función de si conseguimos satisfacer o no estos anhelos.

El problema no es el deseo en sí, sino nuestra relación con él. Si permitimos que el deseo fluya naturalmente, reconociendo que es una parte de la experiencia humana pero no la totalidad de nuestra identidad, entonces podemos beneficiarnos de su energía sin caer en trampas de insatisfacción o sufrimiento. Es el apego y la identificación, más que el deseo en sí, lo que puede llevar a la perturbación mental y emocional.

La clave es cultivar una relación equilibrada con nuestros deseos. Esto significa ser conscientes de ellos, permitirnos sentirlos y perseguirlos, pero también soltarlos cuando es necesario, reconociendo que no definimos nuestra valía o esencia por ellos. Al hacerlo, podemos aprovechar el poder de los deseos para enriquecer nuestras vidas, mientras mantenemos nuestra paz y equilibrio interior.

Dvesha

Como opuesto a Raga nos encontramos Dvesha, la aversión o repulsión hacia lo doloroso o displacentero. En conjunto forman la dualidad fundamental que a menudo define nuestras reacciones emocionales y decisiones. Como ya hemos comentado, evitar lo que nos resulta desagradable o potencialmente dañino es una respuesta completamente natural que ha servido al ser humano para garantizar su supervivencia. Pero cuando esta aversión se intensifica y se convierte en una reacción automática hacia aspectos más sutiles y complejos de la vida, el resultado es el sufrimiento.

En nuestra vida diaria Dvesha se manifiesta de formas menos evidentes y, a menudo, destructivas:

  • Prejuicios y discriminación: Apegos rígidos a creencias o identidades pueden llevarnos a rechazar automáticamente a aquellos que son diferentes de nosotros, creando divisiones y conflictos.
  • Evitación de experiencias dolorosas: Podemos desarrollar una aversión a situaciones o personas que nos recuerdan experiencias traumáticas pasadas, limitando nuestro crecimiento y habilidad para enfrentar y sanar esas heridas.
  • Resistencia al cambio: La aversión a lo desconocido puede hacer que resistamos el cambio, incluso si este es beneficioso o inevitable.

El problema principal con Dvesha no es la aversión en sí, sino identificarnos con ella. Cuando permitimos que nuestras aversiones definan nuestra realidad, nos encerramos en un ciclo repetitivo de reacción en lugar de acción consciente. Esta identificación con nuestras repulsiones nos roba la libertad de elegir y de vivir plenamente.

¿Cómo podemos superar la aversión?

Para que podamos superar o moderar el impacto que Dvesha tiene en nuestra vida es necesaria una combinación de conciencia, comprensión y práctica. Al igual que con cualquier patrón mental, el primer paso es reconocerlo. A través de prácticas como la meditación, podemos desarrollar la habilidad de observar nuestras aversiones sin actuar automáticamente basados en ellas.

Cuando entendemos que la aversión es una respuesta natural, pero que no tiene que dominar nuestra experiencia, podemos comenzar a elegir conscientemente cómo queremos responder. Permanecer atentos en nuestro día a día y practicar la meditación nos ayuda a cultivar la ecuanimidad, la aceptación y una conexión más profunda con nuestra esencia que va más allá de las oscilaciones de la mente.

Abhinivesha

El miedo a la muerte es uno de los cinco Kleshas descritos en los Yoga Sutras.

El último de los cinco kleshas es Abhinivesha, el miedo a la muerte o apego a la vida, y aunque puede ser menos obvio en nuestra vida diaria que otras aflicciones como el deseo o la aversión, tiene un impacto muy profundo

El temor a la muerte es intrínsecamente humano. Se manifiesta en nuestras decisiones diarias, en la forma en que nos relacionamos con otros, y en las estructuras y creencias que creamos para dar sentido al mundo. Es un miedo que no discrimina por edad, salud, estatus o sabiduría; incluso los sabios y eruditos, dice Patanjali, no están exentos de este temor innato.

Aunque el miedo a la muerte es la manifestación más evidente de Abhinivesha, este klesha se presenta de muchas otras formas:

  • Apego a la identidad: Nos aferramos a nuestras identidades —nuestro trabajo, roles, logros, e incluso nuestras creencias— como una forma de dar continuidad y permanencia a nuestra existencia.
  • Resistencia al cambio: En un esfuerzo por mantener un sentido de continuidad y previsibilidad, podemos resistirnos al cambio, viendo cualquier perturbación de nuestra rutina o expectativas como una amenaza.
  • Búsqueda de inmortalidad: Desde la búsqueda de elixires místicos en la antigüedad hasta la obsesión contemporánea con la juventud, la belleza y la salud, nuestra cultura está imbuida de esfuerzos por vencer o al menos retrasar la inevitabilidad de la muerte.

El miedo a la muerte llega a ser paralizante. Puede hacer que evitemos riesgos, que limitemos nuestras experiencias y que nos aferremos a la seguridad a expensas de la autenticidad y el crecimiento. A nivel espiritual, este miedo puede oscurecer nuestra capacidad para conectarnos con aspectos más profundos de nuestra existencia, manteniéndonos atrapados en preocupaciones terrenales y temporales.

Superando el miedo a la muerte

La comprensión y aceptación de la impermanencia es la herramienta por excelencia para tratar con Abhinivesha. Las enseñanzas que giran en torno a la naturaleza transitoria de la existencia se encuentran en el núcleo de las tradiciones filosóficas y espirituales orientales. La toma de conciencia de esta realidad, a nivel profundo, no solo intelectual, ayuda a tratar la ansiedad que se deriva del miedo a la muerte.

Echemos un vistazo al mundo: las estaciones cambian, las flores florecen y luego se marchitan, los ríos fluyen y cambian su curso con el tiempo, y las estrellas, aunque parezcan eternas, tienen un ciclo de vida. Este ciclo constante de creación, preservación y destrucción es evidencia de que el cambio es una ley fundamental e inmutable del universo. De manera similar, nuestro cuerpo pasa por etapas: desde el nacimiento hasta la vejez, experimentando crecimiento, cambio y finalmente, el declive. Nuestras emociones, pensamientos y experiencias son igualmente efímeros. Una vez que comprendemos y aceptamos que todo lo que experimentamos es temporal, podemos empezar a soltar el apego a la permanencia.

Afrontar esta realidad inevitable y mirarla cara a cara puede ser aterrador ¿Por qué deberíamos pensar en algo tan doloroso? Parece lógico huir de estos pensamientos, pero lo cierto, es que cuando nos asomamos a la verdad de la impermanencia, la comprendemos y la aceptamos, experimentamos una gran libertad interior que resulta indescriptible. Algunas de las consecuencias que se derivan del entendimiento de la impermanencia son:

  • Reducción del apego: Al comprender que todo es transitorio, disminuimos nuestro apego a las posesiones, las relaciones y las experiencias. Esto no significa que no valoremos estas cosas, sino que disfrutamos de ellas sin la ansiedad de perderlas.
  • Vivir en el presente: Reconociendo que el ahora es todo lo que realmente tenemos, podemos empezar a vivir más plenamente en el presente, apreciando cada momento en lugar de temer el futuro.
  • Transformación del miedo en apreciación: Cuando entendemos que la vida es breve y preciosa, transformamos el miedo a la muerte en una apreciación profunda por cada momento de vida.
  • Preparación para la inevitable: La aceptación de la impermanencia también nos prepara para enfrentar la muerte con serenidad y gracia, ya sea nuestra propia muerte o la de un ser querido.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio