¿Qué son los Yamas? Principios éticos del Yoga

Los Yamas son los principios éticos fundamentales del Yoga.

Los «Yamas» son el primero de los ocho pasos del Yoga, según se describe en los Yoga Sutras de Patanjali, una de las escrituras fundamentales del yoga. Son códigos éticos o principios morales que el practicante de yoga debe seguir en su vida cotidiana, directrices para vivir en armonía con nosotros mismos y con los demás.

La mayoría de las personas toman estos principios éticos como reglas a seguir mecánicamente, como si fueran mandamientos, lo cuál dista mucho de la intención de los Yamas. En este artículo vamos a tratar en profundidad cada uno de los cinco Yamas, ya que no es casualidad que sean el primer paso en el camino del yoga. Es necesario matizar su significado y reflexionar acerca de ellos, además de implementarlos en nuestras vidas de manera consciente.

¿Cuáles son los Cinco Yamas?

La base ética de la filosofía del yoga se encuentra en los cinco Yamas. Estos principios profundizan en los aspectos de la conducta externa que debemos tener en cuenta para llevar una vida más equilibrada y conectada con el mundo que nos rodea.

Ahimsa (No Violencia)

Uno de los principios éticos fundamentales de varias tradiciones filosóficas y religiosas de la India, incluido el yoga, el jainismo y el budismo en Ahimsa, la no violencia. Pero su significado va más allá de la simple abstención de la violencia física. Ahimsa implica una profunda comprensión de la interconexión de todas las cosas y una profunda reverencia por la vida en todas sus formas.

El concepto de la no violencia ha sido una piedra angular en el pensamiento ético y moral de la India durante milenios. Ahimsa impulsa a las personas a abstenerse de causar daño o dolor a otros seres, ya sean humanos, animales o cualquier forma de vida. Esta abstención se extiende no solo a la acción, sino también al habla y al pensamiento. La práctica genuina de Ahimsa implica evitar incluso el deseo o la intención de dañar a otro.

Ahimsa puede manifestarse de varias maneras en nuestras vidas diarias, en la forma en que nos comunicamos, en las elecciones alimenticias que hacemos y en cómo tratamos el mundo que nos rodea. Por ejemplo, muchas personas que practican el principio de Ahimsa optan por dietas vegetarianas o veganas como una manera de no contribuir al daño o sufrimiento de los animales.

Pero Ahimsa no se detiene en la violencia física, va más allá. Las palabras pueden ser tan potentes y dañinas como los actos, y a menudo, el daño psicológico o emocional que se puede infligir con palabras hirientes puede ser más duradero y destructivo que el daño físico. Practicar Ahimsa en la comunicación significa hablar con compasión, comprensión y amor, evitando el lenguaje hiriente, la crítica destructiva o el chisme.

También es necesario que apliquemos este principio ético al trato que nos damos a nosotros mismos. No es raro que las personas se dañen a sí mismas, ya sea a través del estrés, la autocrítica, la negligencia hacia su salud o el agotamiento. Practicar Ahimsa también supone cuidar de nosotros mismos con el mismo amor y respeto que con el que trataríamos a otro ser.

Podemos ver Ahimsa como una filosofía de paz y un camino hacia la armonía en el mundo. Figuras históricas como Mahatma Gandhi han abogado y practicado Ahimsa no solo como una forma de resistencia no violenta, sino como una forma de vida. Su aplicación de Ahimsa en la lucha por la independencia de la India del dominio británico es un testimonio del poder transformador de este principio.

Es un recordatorio de que cada acción, palabra y pensamiento tiene un impacto y que cada elección que hacemos puede llevarnos un paso más cerca de un mundo más compasivo y pacífico.

Es necesario matizar que la no violencia no es una mera pasividad o evitación de la violencia. Es una actitud activa de comprensión, amor y respeto hacia todos los seres. Una toma de conciencia de que todos estamos interconectados y de que, al causar daño a otro, en última instancia, nos estamos dañando a nosotros mismos. En su esencia más pura, Ahimsa nos invita a vivir con atención, compasión y amor incondicional.

Satya (Veracidad)

«Satya» suele traducirse como «veracidad» o «verdad» ¿Qué significa entonces vivir en Satya y cómo se traduce este principio en nuestras vidas?

El principio de Satya es una invitación a ser auténticos, a ser fieles a nuestra naturaleza esencial y a actuar y comunicarnos desde ese lugar de verdad interior que todos poseemos. Aunque con frecuencia se centra en la idea de decir la verdad, es mucho más profundo que simplemente abstenernos de mentir. Se trata de que vivamos en sintonía con nuestra esencia, de actuar con integridad y de hablar con sinceridad.

Vivimos en una sociedad que nos impulsa a presentar versiones superficiales de nosotros mismos, ya sea en las redes sociales, en el trabajo o incluso en nuestras relaciones personales. Esta presión para encajar o ser aceptados puede llevarnos a alejarnos de nuestra verdad interna. Pero, cada vez que optamos por actuar desde un lugar de autenticidad, reafirmamos el valor de Satya y nos acercamos a una vida más plena y significativa.

Hablar con veracidad no significa simplemente decir la verdad; implica comunicarse con compasión y consideración. Satya no significa que tengamos que ser brutalmente honestos al punto de herir a otros con nuestras palabras. En cambio, la verdad debe ser expresada de una manera que sea beneficiosa y no dañina. De hecho, Satya y Ahimsa (no violencia) están intrínsecamente relacionados. Decir la verdad sin causar daño es el verdadero arte de la comunicación consciente.

Además de la comunicación, Satya se refleja en nuestras acciones diarias. Cuando actuamos en consonancia con nuestros valores y principios, vivimos en Satya. Por el contrario, cuando traicionamos nuestras propias creencias o nos comprometemos por conveniencia, nos alejamos de este principio esencial. La integridad es, en muchos aspectos, la manifestación práctica de Satya.

Uno de los aspectos más profundos de Satya es el viaje de autoconocimiento. Conocer nuestra verdad interna requiere introspección, autoexamen y, a menudo, enfrentar aspectos de nosotros mismos que quizás preferiríamos ignorar o desconocer. Mediante prácticas como la meditación, el yoga y la auto-reflexión, podemos conectar en profundidad con nuestra esencia y descubrir las verdades que se esconden en nuestro interior.

Vivir en Satya también supone reconocer las verdades universales que conectan a todos los seres sintientes. Todos compartimos el deseo de amor, aceptación y paz. Reconocer y honrar estas verdades universales puede servir como una guía en nuestras interacciones y decisiones diarias.

Asteya (No Robar)

Si nos centramos en su traducción Asteya significa «no robar«. Pero, al igual que con la mayoría de los conceptos del Yoga, si nos quedamos en este nivel de interpretación superficial corremos el riesgo de malinterpretar el verdadero significado de este Yama y de perdernos las profundas lecciones que puede proporcionarnos.

A primera vista, la idea de «no robar» parece sencilla ¿Verdad?. La mayoría de nosotros comprende que coger algo que no nos pertenece, sin permiso o sin la intención de devolverlo, es éticamente incorrecto. Pero si observamos Asteya desde una perspectiva más amplia empezaremos a descubrir aspectos más profundos de los cuáles quizás no seamos del todo conscientes.

El principio de Asteya se aplica en varias dimensiones de nuestra vida y una de ellas es no apropiarse de los logros o ideas de otros. Plagiar, copiar o asumir el crédito por el trabajo de otra persona es una violación de Asteya. Es muy importante reconocer y honrar la originalidad y el esfuerzo de los demás, y dar crédito donde es debido.

Otro aspecto de Asteya está con el tiempo y la energía. ¿Cuántas veces hemos tomado el tiempo de alguien sin consideración, llegando tarde a las citas o extendiendo innecesariamente las reuniones? ¿O cuántas veces hemos dejado que alguien monopolice nuestro tiempo, robando momentos que podríamos haber dedicado a nosotros mismos o a nuestros seres queridos? Ser conscientes y respetuosos con el tiempo y la energía, tanto el propio como el de los demás, es una práctica de Asteya.

También implica no tomar más de lo que realmente necesitamos. Vivimos en una sociedad de consumo, donde la acumulación y el deseo de más y más suele ser la norma a seguir. Cuando tomamos más de lo necesario, ya sea comida, recursos naturales o bienes materiales, estamos, en cierto sentido, robando a aquellos que tienen menos o privando al planeta de sus valiosos recursos. Practicar la moderación y ser consciente de las diferencias entre nuestras necesidades y nuestros deseos es una manifestación de Asteya.

También podemos interpretar Asteya como no robarnos a nosotros mismos. ¿Cómo nos robamos a nosotros mismos? Desde negarnos la oportunidad de crecer y aprender, hasta sabotear nuestros propios esfuerzos o no reconocer nuestro valor y potencial. Cada vez que nos limitamos por miedo, inseguridad o duda, estamos robando a nuestro ser más auténtico la oportunidad de brillar.

Brahmacharya (Contención)

Quizás Brahmacharya sea el Yama que más se ha malinterpretado, entendiéndose en muchos círculos como «celibato«. Si nos vamos a su traducción literal significa «caminar hacia lo divino» o «comportarse en la esencia de Brahma (la realidad suprema)«. Es una llamada a la moderación, a la contención de los deseos sensuales y a vivir en armonía con nuestra energía vital.

Es considerar la dirección y el propósito de nuestras energías, en particular la energía sexual, que es una de las más poderosas que poseemos. Esta energía puede ser canalizada de muchas maneras, no sólo a través de la actividad sexual. Puede ser la fuerza impulsora detrás de nuestra creatividad, pasión, compromiso y espiritualidad.

Por lo tanto, la práctica de Brahmacharya no significa que tengamos que negar o reprimir esta energía, sino más bien gestionarla y canalizarla hacia actividades que nos elevan y nos acercan a nuestra verdadera esencia. Es una invitación a ser conscientes de cómo usamos nuestra energía y a preguntarnos si nuestras acciones nos llevan hacia una mayor comprensión y desarrollo personal, o si simplemente dispersan y agotan nuestra vitalidad.

Somos bombardeados constantemente con estímulos que apelan a nuestros sentidos y deseos. Publicidad, entretenimiento y las redes sociales a menudo glorifican la indulgencia y la gratificación instantánea. En esta situación, Brahmacharya implica que consideremos qué es verdaderamente esencial y que ejerzamos discernimiento en nuestras elecciones.

Para muchos, el concepto de Brahmacharya puede parecer restrictivo o incluso anticuado. Pero si lo entendemos como una práctica de moderación y autocontrol, se transforma en una herramienta clave para el autodescubrimiento. Cuando restringimos conscientemente ciertas indulgencias, creamos espacio para que surjan otras formas de satisfacción y contentamiento. En lugar de buscar placeres efímeros, Brahmacharya nos guía hacia fuentes más duraderas y significativas de alegría y realización.

En la práctica podemos aplicar Brahmacharya de diversas formas en nuestro día a día. Puede ser una elección consciente de limitar el consumo de medios de comunicación o entretenimiento, de practicar el ayuno, o de dedicar tiempo a la meditación y la introspección. En el ámbito de las relaciones, puede traducirse en la búsqueda de conexiones profundas y significativas en lugar de encuentros superficiales o efímeros.

En último lugar, lo esencial es darnos cuenta de que Brahmacharya no aboga por la represión o la negación de la naturaleza humana. Más bien, consiste en honrar nuestra energía vital y aprender a usarla de maneras que favorezcan nuestro crecimiento espiritual y bienestar. Es reconocer que dentro de cada individuo arde una chispa divina, y que a través de la moderación y el enfoque, podemos avivar esa chispa hasta convertirla en un fuego de realización y propósito.

Aparigraha (No Codicia)

Vamos con el último de los Yamas, Aparigraha, cuya traducción es «no codiciar» o «no acumular«.

La esencia de Aparigraha radica en darnos cuenta de que no podemos encontrar verdadera satisfacción y felicidad en la acumulación de bienes materiales o en la búsqueda insaciable de más placeres sensuales. Es mirar hacia adentro y aprender a encontrar contentamiento en lo que ya tenemos y a liberarnos del deseo constante que a menudo nos esclaviza.

¿Significa esto que nos tenemos que deshacer de nuestros bienes materiales y dedicarnos a llevar una vida ascétiva? No, más bien se trata de desarrollar una relación más consciente y deliberada con lo que poseemos y con lo que buscamos. Al simplificar nuestras vidas y liberarnos del exceso, creamos espacio para lo que verdaderamente importa: conexiones auténticas, experiencias enriquecedoras y un sentido de propósito. Menos es más.

La idea de éxito a menudo está vinculada a la posesión y acumulación: más dinero, una casa más grande, un coche más nuevo. Aparigraha desafía esta noción, sugiriendo que el verdadero éxito se encuentra en la capacidad de estar contento con lo que uno tiene y en la habilidad de vivir una vida libre de ataduras innecesarias.

Este Yama también se relaciona con la liberación de deseos y expectativas en nuestras relaciones y experiencias. Muy a menudo, llevamos a cuestas la carga de las expectativas sobre cómo deberían ser las cosas o cómo deberían comportarse las personas. Aparigraha nos anima a soltar estos deseos y a aceptar a las personas y situaciones tal como son, liberándonos de la frustración y el sufrimiento que surge cuando la realidad no se ajusta a nuestras expectativas.

Existen muchas formas de aplicar Aparigraha en nuestra vida: puede ser tan simple como limpiar el armario y donar lo que ya no necesitamos, o tan profundo como reevaluar lo que realmente valoramos y deseamos en nuestra vida. También puede practicarse en la forma en que consumimos, eligiendo adquirir solo lo que es esencial o sostenible, y reconociendo el impacto de nuestras elecciones en el mundo que nos rodea.

Al liberarnos de la constante necesidad de más y al abrazar una vida más simple y enfocada, a menudo experimentamos una sensación de ligereza y claridad. Esta paz, a su vez, nos permite sintonizar más profundamente con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea.

La importancia de los Yamas

Que los Yamas sean el primer paso dentro del sendero del yoga, como ya hemos mencionado en la introducción, no es una casualidad. Cualquier práctica espiritual o filosófica que no contemple el beneficio a los demás es inútil. ¿De qué sirve «crecer» como persona si mis acciones implican el sufrimiento de otras personas o seres vivos? Distintas corrientes de pensamiento oriental han sido siempre conscientes de la importancia de seguir una filosofía de vida que no solos nos beneficie a nosotros mismos como individuos, sino también al resto de seres.

Todo empieza y termina con establecer una relación armoniosa con el mundo que nos rodea, por eso los Yamas son tan importantes, porque son el principio para establecer relaciones más beneficiosas con otras personas.

Pero es importante recordar que Yama no es un elemento aislado. Yamas y Niyamas (disciplinas personales) son complementos inseparables si queremos vivir con plenitud. Si solo nos centramos en los Yamas, corremos el riesgo de descuidar nuestro mundo interno. Podemos actuar con bondad hacia otros pero albergar resentimientos o ignorar nuestras propias necesidades. Y si solo nos enfocamos en los Niyamas y descuidamos los principios éticos, podríamos cultivar una vida interior rica pero ser negligentes o incluso dañinos en nuestras relaciones.

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